En este post, te voy a proporcionar un tutorial para que sepas qué cosas son necesarias para crear una página web, tanto si quieres hacerlo por tu cuenta como si quieres pedírselo a alguien.

¡Empecemos!

Primeros pasos para crear una página web

El concepto de «web» puede englobar varias definiciones. A menudo, se abrevia «página web» como simplemente «web», aunque la definición estricta de web es un poco más compleja.

Pero vayamos al grano.

Una página web es básicamente un código HTML que un servidor le envía a tu ordenador y tu ordenador se lo envía al navegador para que lo puedas visualizar.

Para que una página web funcione, por tanto, tiene que haber 2 elementos.

Primero, está el que envía la información y luego está el que la recibe. A la primera parte se le llama cliente y, a la segunda, servidor.

Esto es lo que se denomina «arquitectura cliente-servidor» y es una de las bases de cualquier aplicación web, sea su objetivo final una página web o no.

Por tanto, para que una página web funcione, el cliente tiene que tener un navegador (cosa que a nosotros no nos preocupa en absoluto para este tutorial) y un servidor funcional que propocione las páginas del sitio web cuando se le soliciten.

Hosting: alojamiento de la página en un servidor

Por tanto, para que una página web funcione tiene que haber un servidor que la almacene.

Esto es lo que comúnmente se conoce con el término inglés «hosting» ya que viene a significar exactamente eso, alojamiento.

La realidad es que cualquier ordenador puede utilizarse como hosting. Es decir, si tú quieres, puedes usar tu ordenador de servidor, sin ningún tipo de problema.

Sin embargo, no te recomiendo esta práctica ya que la configuración de un servidor, sobre todo si es en una red privada como la de tu casa, te puede dar demasiado la lata.

Del mismo modo, si alojas una página en tu propio ordenador, tienes que asegurarte de que el sistema está funcionando correctamente y de que la máquina esté encendida las 24 horas ya que, de lo contrario, la web no sería accesible.

Por otra parte, tú tendrías que gestionar todo lo que tenga que ver con la securización del servidor, lo cual también da bastante trabajo.

Y otro detalle bastante crítico es que, si la página web es popular, va a haber mucha gente queriendo acceder al mismo tiempo a esta.

Si tienes un ordenador normalillo, no va a ser capaz de soportar tal carga de trabajo y la web empezará a ir muy lento.

En general, no es una práctica recomendable puesto que tú tendrías que gestionar absolutamente todo lo que tenga que ver con el mantenimiento.

Con todas estas ideas en mente, se plantea la opción, por tanto, de contratar un hosting.

Existen hostings gratuitos, pero esto no te lo recomiendo mucho puesto que están pensados más bien para hacer pruebas y tienen muchas limitaciones.

Sí que es cierto que existen algunas plataformas que te proporcionan una versión de prueba, aunque muchas de ellas te van a pedir que metas la tarjeta de crédito antes de poder utilizar esa prueba gratuita.

Por tanto, lo mejor es ir al grano y contratar un hosting de pago, con un plan aunque sea baratillo.

Dominio de la página web

Otra cosa importante, para que la gente te pueda encontrar en la web, es el nombre de dominio.

Para que me entiendas, las máquinas se comunican entre sí, en el mundo de Internet, con diferentes tipos de protocolos y dentro de esos protocolos existen múltiples capas.

Una de esas capas es la que se denomina «Capa de Red» en la que las máquinas utilizan las direcciones IP para comunicarse las unas con las otras.

Ahora se plantea el problema. Imagínate que un servidor web tiene la dirección IP 100.23.20.742 (los que entiendan del tema me van a decir que esa dirección IP no es válida y tienen toda la razón. Es simplemente para poner un ejemplo y que no se corresponda con ninguna dirección IP de ninguna máquina real).

Evidentemente, si yo el día de mañana quiero visitar la web, no me voy a acordar de su dirección IP. A los humanos se nos da mejor lo de recordar palabras que recordar números.

En ese caso, mejor que 100.23.20.742, podría valer «unadirecciondejemplo.loquesea». Seguro que eso último es más fácil de recordar.

Pues esto es lo que se llama nombre de dominio. Aun así, aunque nos sepamos el nombre de dominio de un servidor web, las máquinas se van a seguir comunicando por direcciones IP.

De este modo, para que una máquina pueda saber, con un nombre de dominio, a que otra máquina te estás refiriendo, tiene que haber una lista en la que se diga «a este nombre de dominio le corresponde este servidor con esta IP».

Eso es exactamente lo que hacen los servidores DNS. Con el ejemplo de antes, guardarían una entrada en su lista que sería algo así como «al nombre de dominio unadirecciondeejemplo.loquesea le corresponde la dirección IP 100.23.20.742».

Ahora, gracias a eso, cuando busquemos la dirección «unadirecciondejemplo.loquesea» en el buscador, el servidor DNS sabrá a qué máquina se refiere y obtendremos la página correspondiente.

En este caso, tú por ti mismo no podrías gestionar un nombre de dominio. Si quieres tener nombre de dominio para tu servidor necesitas registrarlo con un registrador de dominios.

Este tipo de plataformas, te permitirán comprar un nombre de dominio y hacer que apunte al hosting que has contratado previamente.

Estos registros son muy importantes ya que de esta manera se puede evitar que una persona que haya comprado ya un nombre de dominio para su propio hosting lo pueda perder.

Por tanto, tú solo podrás contratar aquellos nombres de dominio que estén libres.

Contenido de la página web

Una vez que contratas el hosting y el dominio, te encuentras con la situación de que ya tienes una página web, sí, pero esta se encuentra totalmente vacía.

Para crear el contenido de una web existen diversas opciones.

En última instancia, como decía al principio del artículo, una página web es básicamente un fichero con código HTML.

Lo que puedes hacer para crear contenido en la página es hacerlo de forma estática codificando tú tus propios ficheros HTML.

Hoy en día, esta práctica no es para nada recomendable, ya que modificar y añadir contenido en estas webs es bastante tedioso.

Por una parte es cierto que te ofrece muchísima libertad a la hora de construir las distintas páginas de contenido, pero te daría muchísimo la lata.

La otra aproximación, la más utilizada actualmente, es separar la parte gráfica, que es básicamente el HTML, de la parte del contenido que se incrusta en ese HTML.

De esta forma, el HTML simplemente se utiliza para definir una plantilla. Sobre esa plantilla, más tarde se puede introducir el contenido que se quiera. Para conseguir esto, el contenido de la página está almacenado en una base de datos.

Así, en lugar de tener un fichero de contenido estático, la presentación de la página se presenta de forma dinámica con lenguajes como PHP.

Básicamente, los códigos que generan el HTML de la página toman el contenido de la base de datos y vuelcan esos datos sobre la plantilla.

Para hacer esto, hoy en día existen principalmente 2 formas. La primera es hacerlo tú mismo manualmente, que es lo más tedioso, es decir, programar toda la lógica de generación de la página web.

La segunda es utilizar algún tipo de software que haga esto por ti. Esta segunda opción es la más utilizada hoy en día.

Seguro que has escuchado hablar de WordPress, que es un gran ejemplo de ello.

En este caso, la plataforma está enfocada sobre todo a la creación de contenidos al estilo blog o cuestiones similares.

Sin embargo, también existen otro tipo de plataformas (que en este contexto se le suelen llamar con frecuencia frameworks) que están enfocados a otro tipo de webs, como puede ser el caso de PrestaShop, que está directamente enfocada a páginas del estilo eCommerce.

Todos estos frameworks siguen la misma filosofía que mencionaba antes, es decir, el tener una base de datos donde almacenan la información y una plantilla sobre la que vuelcan esa información.

Con respecto a esta idea, se nos plantean muchas ventajas. La primera de ellas es la personalización puesto que, al separar la plantilla del contenido, la plantilla es fácilmente intercambiable.

Es por ello que plataformas como WordPress ofrecen un repositorio tan amplio de temas, que son exactamente eso, plantillas HTML sobre las que volcar los contenidos.

La segunda gran ventaja es que estas plataformas nos ofrecen la capacidad de aumentar fácilmente las funcionalidades de la web.

Esto es lo que se consigue gracias a los plugins, que no dejan de ser una extensión de las funcionalidades del framework original.

Y ojo a un detalle importante. Hay que tener en cuenta que cada plataforma necesita distintas librerías para poder funcionar.

Esto quiere decir que, si por ejemplo quieres instalar WordPress, el hosting debe estar preparado para WordPress.

Con respecto a esto no suele haber ningún tipo de problema, ya que casi todas las plataformas de hosting te dan una opción de hosting de WordPress en las cuales, además, es muy sencillo instalar el framework.

Y esto es todo para este tutorial

Espero que este tutorial te haya servido para aprender los conceptos básicos a la hora de crear una nueva página web.

Como siempre, siéntete libre de comentar lo que quieras.

¡Gracias por leerme y nos vemos en el próximo artículo!

Categorías: Tutoriales

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